martes, 11 de febrero de 2014

Obispo arremete contra el padre
Pérez Guajardo, el cura “rebelde”


Marcos Chi Cahun

Considerado por el pueblo como un farsante, embustero y títere, el prelado quintanarroense Pedro Pablo Elizondo Cárdenas (cuyo nombre de pila es Rosalío), es presa fácil de los Legionarios que lo manipulan a su antojo, al buscar sólo sus intereses personales y no el bienestar de la comunidad, a la cual está para servir y pastorear.
Credencial expedida por la Prelatura Cancún-Chetumal
al padre "incómodo".
El obispo mantiene actividades ilícitas para favorecer a su grupo, mismas que desconoce el Papa Francisco, a quien se supone le debe obediencia, es por ello que el Padre Pablo Pérez Guajardo, considerado un peligro a los intereses ocultos de los Legionarios de Cristo, lo pone en evidencia.
Pablo Pérez Guajardo, quien era Legionario de Cristo, oficiaba misa en la parroquia de San José, ubicada en el fraccionamiento La Guadalupana, de Playa del Carmen; fue separado del cargo hace un año por el obispo Pedro Pablo, por orden directa de Filiberto Martínez Méndez, actual diputado local y quien era presidente municipal de Solidaridad, debido a que incomodaba a las autoridades porque hacía gestiones a favor del pueblo.

Pablo Pérez Guajardo fue ordenado sacerdote
por Juan Pablo II en 1991.
Aun cuando el obispo exige obediencia hacia su persona, él mismo no acata las disposiciones del Papa Francisco, quien no tiene ni idea de lo que acontece en la Prelatura Cancún-Chetumal, pues Pedro Pablo Elizondo ha generado una inmensa confusión al hacer creer a la feligresía que los dos mil bautizos, confirmaciones y matrimonios realizados desde hace seis años a la fecha por Pérez Guajardo quedaron anulados y no tienen validez por haberlos encabezado un sacerdote a quien Elizondo Cárdenas califica de “pirata”, no obstante que el conocido padre de Playa del Carmen afirma haber sido ordenado por Juan Pablo II el 3 de enero de 1991.
Y es que ante la notificación que el presbítero recibiera para ejercer su ministerio sacerdotal, así como administrar los sacramentos, se ha mostrado obediente y hasta el momento ha acatado las disposiciones de la injusta autoridad de Elizondo Cárdenas, quien está molesto por la cercanía que Pérez Guajardo tiene con la gente que lo consulta y aprecia y por los comentarios que hace sobre cuestiones bíblicas.
Sin embargo lo más grave es el evidente bullying que causa a un sacerdote, por lo que Elizondo Cárdenas está muy lejos de ser el pastor que sale a buscar a la oveja pérdida, con lo que queda en evidencia la perversión de éste y del grupúsculo de los Legionarios de Cristo, que lo manipulan y lo dominan a su antojo.
Es indudable que el prelado está nervioso por no poder eliminar al padre Pablo Pérez Guajardo de la geografía quintanarroense, ya que es testigo de las complicidades que Pedro Pablo comete con el párroco solidarense Fernando Rodríguez, tras haber firmado recientemente y ante conocida notaría pública de este municipio, los terrenos municipales para la prelatura (entiéndase Legionarios de Cristo) que compró el diputado de la XIV Legislatura, Filiberto Martínez Méndez, durante su periodo al frente del Ayuntamiento de Solidaridad, de lo cual existen actas de Cabildo.
Pérez Guajardo recordó que el 26 de noviembre de 2011, Elizondo Cárdenas acudió a la parroquia de San José, ubicada en el Fraccionamiento de la Guadalupana para bendecir el campanario, donde se contó con la presencia de la primera dama del estado Mariana Zorrilla de Borge; aunado a esto el prelado participó en el abordaje de la nave de quien considera “pirata”, al darle él mismo la más cordial bienvenida.
Pablo Pérez Guajardo y el
obispo Pedro Pablo Elizondo.
Cabe destacar que es un gravísimo error olvidar que la Escritura es el libro de la memoria de la comunidad creyente, por lo que debe de leerse siempre con el oído del pueblo para poder conocer sus necesidades, escuchar sus clamores y aprender su lenguaje. Si no lo hace así, el sacerdote se vuelve autorreferencial y manipulador, inconsciente de la comunidad al prevalecer su interpretación e imponer su opinión.

Es necesario comprender que la palabra de Dios es una sinfonía y un único artista no puede tocar los instrumentos, por lo que el sacerdote debe dejarse ayudar por sus fieles laicos, debido a que ellos también tienen el espíritu de Jesucristo, ya que desconfiar de su capacidad refleja un signo claro de clericalismo, por lo que es necesario aprender la recomendación del Papa Francisco: “Me atrevo a pedir que todas las semanas se dedique a esta tarea un tiempo personal y comunitario suficientemente prolongado, aun cuando deba darse menos tiempo a otras tareas también importantes, porque un sacerdote que no se prepara no es espiritual, es deshonesto e irresponsable con los dones que recibió (sic)”.

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